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En los países industrializados,
se asiste hoy a un creciente error alimentario con la consecuencia de un
crecimiento calórico, ya sea por una mayor disponibilidad de alimentos
por una menor actividad, por la inserción de la mujer en el mercado
laboral y la adopción de comidas rápidas (congeladas, precocidas, comidas
americanas, chinas y otras), se produce un aumento en porcentaje del
consumo de lípidos ricos en ácidos grasos saturados y también de los
poliinsaturados en menoscabo de los moniinsaturados.
Estos cambios repercuten negativamente en el estado de salud de las
poblaciones y aumentan frecuentemente las enfermedades cardiovasculares.
Es necesario revalorizar un modelo de dieta que aun siendo milenario
sigue teniendo plena vigencia: LA DIETA MEDITERRANEA. Esta dieta se
caracteriza por un moderado consumo de carnes rojas y derivados de leche
de vaca; incorporando mayor cantidad de frutas y verduras frescas, que
aportan Hidratos de Carbono, vitaminas, minerales y fibras, mayor consumo
de pescados, una cantidad moderada de vino tinto y en cuanto a los
lípidos, una ingestión predominante de ACEITE DE OLIVA.
El aceite de oliva constituye el principal aporte de grasas en la dieta
mediterránea. No se trata de un aceite corriente. Es una de las grasas
más ricas en ácidos grasos monoinsaturados y en especial ACIDO OLEICO. El
ácido oleico tiene fundamental importancia en la medicina preventiva. Las
enfermedades cardiovasculares, patologías hepatobiliares, la
osteoporosis, pueden prevenirse o disminuirse mediante el consumo
prolongado de grasas monoinsaturadas. Por su composición equilibrada el
aceite de oliva extra virgen ejerce un efecto protector sobre las
arterias, él estomago, el hígado, favorece el crecimiento del niño y
prolonga la esperanza de vida, produciendo además, por sus
características sensoriales, una sensación grata al paladar.
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La dieta mediterránea ha ido evolucionando durante
miles de años. Antiguamente las comidas se acompañaban con pan, aceite de
oliva y vino… casi como en nuestros días.
Los griegos llevaron el cultivo del olivo y de los viñedos hacia
occidente: Sicilia, Italia, norte de África y España. La aceituna, un
fruto originario de la región mediterránea, fue utilizada por los
antiguos para cocinar, y también para hacer perfumes y aceites de baño.
Los beneficios para la salud de la dieta
mediterránea fueron estudiados en primer lugar por el Prof. Ancel keys de
la universidad de Minnesota (usa), en el año 1958; comparo la relación
entre dieta y enfermedades del corazón en 12.000 hombres sanos de mediana
edad de siete países diferentes. En este estudio, conocido como
“estudio de los siete países”, Keys analizo, por mas de 20
años , las dietas de hombres residentes en Finlandia, Grecia, Italia,
Japón, holanda, los estados unidos y Yugoslavia, keys descubrió que las
propiedades saludables para el corazón de la dieta mediterránea, particularmente
del aceite de oliva, eran muy evidentes en creta, donde la población
rural consumía cantidades importantes de aceites de oliva ( el 40 % de
las calorías de los isleños provenía del aceite de oliva ), comía poca
carne y consumía grandes cantidades de cereales, verduras y frutas. El
destacado estudio de keys marco el rumbo hacia el consiguiente y
continuado interés por esta forma de vida saludable.
El aceite de oliva y los cereales son los pilares de la dieta
mediterránea, rica en alimentos simples, naturales y sin procesar como
verduras, frutas, legumbres y vino tinto.
El aceite de oliva, las frutas y verduras son ricos
en antioxidantes reconocidos en la actualidad por sus características
protectoras.
Cada vez esta mas claro que una dieta rica en antioxidantes, alta en
fibra dietaria y baja en grasa saturada, esta relacionada con una salud
optima.
Tome un vaso de vino tinto (las uvas y sus pieles tienen alto contenido
de antioxidantes), acompañado de pan integral mojado en aceite de oliva,
un buen plato de pasta, una abundante ensalada verde y un postre de higos
o naranjas, y estará usted compartiendo con los antepasados los secretos
de la dieta mediterránea.
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